Rebobina.

¡Rebobina!. Vuelve a cuando era niña para crecer advertida y a la defensiva. Rebobina para entender, pero antes detente y explícame la parte donde en vez de reaccionar ante su fuerza, mis probabilidades de perder me dejan callada, como piedra, explícamela, porque es la que más me estresa.

No entendí quien escogió el giro de esta trama. Vuelve y dame más tiempo, más contexto. Regresa a cuando estoy en la secundaria, tal vez en la primaria, necesito ver por qué me sentí tan diferente, desde cuándo me sentí tan impotente.

¡Rebobina!. Vuelve a la parte donde adopté que no puedo defenderme, que hacerlo me hace ser alguien imprudente.

Adelanta la escena donde quise pensar que yo me equivoqué, que no es tan común y que tal vez me lo imaginé.

Después, salta a la parte donde se muestra que el silencio es un acuerdo que aligera el peso del agresor pero carga el de la víctima. Que optar por él, agranda la opresión porque su peso hunde más a quien se calla y alza al cobarde que merece hundirse.

Reprodúcela, deja correr la cinta hasta el desenlace, donde queda claro que el miedo de identificarse como víctima inmoviliza y calla, pero el peso del silencio sofoca y mata. Que la empatía y solidaridad son armas que a las mujeres nos dan seguridad, que esta lucha nadie la disfruta, pero que es necesaria hasta que logremos que la vida sea más justa.

Andrea.

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